Una de las marcas del mundo globalizado es la reducción de las distancias del mundo, a través de transportes cada vez más rápidos y la transmisión de información progresivamente optimizada a nivel transcontinental. En este contexto, frente al avance tecnológico global, una de las áreas beneficiadas es la telemedicina. Con origen en Israel, engloba cualquier práctica médica que se lleve a cabo a distancia, desde cribados, orientación, consultas, seguimiento en la UCI e incluso cirugías robóticas.

En un país socialmente desigual como Brasil, la telemedicina aparece como una opción para reducir dichas diferencias e impulsar el área de la salud. Entre sus características, la tecnología permite que los pacientes no dediquen largas jornadas a la atención, reduce costos, minimiza los errores de conducta médica al brindar a las pequeñas ciudades acceso a especialistas y, sobre todo, descongestiona las salas de urgencias para que la atención presencial pueda dedicar mayores esfuerzos a los casos más graves, adquiriendo especial relevancia en tiempos de lucha contra el Covid-19.

Por otra parte, las entidades de la clase médica brasileña plantean algunas preocupaciones con respecto a puntos relacionados con la Ética y el Derecho, anclados en la "Declaración de Tel Aviv", el primer documento de relevancia internacional sobre telemedicina para abordar tales cuestiones. Entre los principales temores se encuentran el tráfico de información confidencial de los pacientes en la red, la humanidad de la atención, la formación de los profesionales en el campo de la telemedicina y también el impacto en el mercado laboral de estos agentes de salud. Todos estos temas relevantes, sin embargo, han sido los responsables de un embrollo normativo y de una lentitud que dura ya casi dos décadas.

 

Historia de la Regulación en Brasil

Creado en 1951, el Consejo Federal de Medicina (CFM) es una autarquía que tiene atribuciones constitucionales de inspección y normalización de la práctica médica. Por lo tanto, la creación de normas para el ámbito de la telemedicina se inscribe en los roles constitucionales del consejo, poder que llegó a ser ejercido en esta área por primera vez 3 años después de la "Declaración de Tel Aviv", en 2002.

Así, la primera regulación sobre el tema en el país fue la Resolución del CFM de 2002, que definía legalmente la telemedicina como "el ejercicio de la Medicina mediante el uso de metodologías interactivas de comunicación audiovisual y de datos, con el objetivo de asistencia, educación e investigación en Salud". Además, se dieron algunos pasos iniciales hacia el avance regulatorio de la telemedicina brasileña, aunque de forma amplia. Entre sus puntos principales se encuentran: el permiso para el apoyo diagnóstico y terapéutico en casos de urgencia, pero sin más especificaciones; la institución de que la responsabilidad de la atención recae en el médico; y el deber de contar con una "infraestructura tecnológica adecuada".

Aunque sólo se publicó en 2002, cuando Brasil y el mundo se encontraban en un nivel tecnológico muy diferente al actual, la Resolución fue relevante, porque una versión "modernizada" de la regulación de la telemedicina sólo llegó más de una década después, en 2018, pero acabó siendo revocada 20 días después de su implementación, volviendo a lo que estaba vigente desde 2002. El motivo es que la nueva versión (Resolución del CFM de 2018) supuso un paso mayor hacia la intermediación de la tecnología en la práctica médica, al traer la posibilidad de realizar teleconsultas (el probable buque insignia de la telemedicina), aunque con reglas.

De esta manera, con el retorno a la Resolución de 2002, que no había acompañado la realidad tecnológica del país durante algún tiempo, Brasil volvió a tener temas regulatorios por definir incluso hasta mediados de marzo de 2020, en medio de una escalada en el número de muertos e infectados por Covid-19. En este escenario se multiplicaron iniciativas independientes de lo previsto en la normativa, como las "preconsultas" a distancia y la "orientación", tanto en el sector público como privado, para evitar el desplazamiento innecesario de pacientes a centros de salud y hospitales.

En el ínterin, el 19 de marzo, el CFM emitió la Resolución 2020, que reconoce la posibilidad de algunas modalidades de telemedicina, con carácter excepcional y exclusivamente durante la pandemia, abordando la teleorientación, el telemonitoreo y la teleinterconsulta (comunicación entre profesionales sobre temas médicos).

Respondiendo a las exigencias del estado de calamidad pública, un día después de la resolución del CFM, el Ministerio de Salud emite la Ordenanza No. 467, la cual, también con carácter excepcional debido a la pandemia, reconoce la posibilidad de utilizar la telemedicina para la consulta y el diagnóstico. El 15 de abril se sancionó la Ley No. 13.989, que autoriza de manera legal y definitiva la telemedicina, en su sentido amplio, en tanto persista la crisis sanitaria.

 

Mercado y tendencias

En Brasil, una media de 150 millones de personas dependen del SUS, lo que acaba generando una sobrecarga del sistema de salud público, lo que a su vez se traduce en largos tiempos de espera. A pesar de este problema, existe una gran desigualdad con respecto a la concentración de la atención. Esto es evidente ya que más del 50% de las historias clínicas del país se concentran donde vive menos de una cuarta parte de la población brasileña. En conjunto, estas disparidades representan grandes oportunidades de mejora que pueden ser suplidas por los usos correctos de la telemedicina, como ya venían haciendo proyectos como Regula+Brasil.

Así, ante esta situación, Guilherme Hummel, coordinador científico de la Sociedad de Sistemas de Información y Gestión de la Salud, afirmó a principios de 2019 que se esperaba movilizar una cantidad significativa de recursos para el desarrollo de la telemedicina (entre 7 y 8 billones de dólares en los próximos 5 años), incluso antes de que hubiera señales de la pandemia. Ahora, con el impacto causado por el nuevo coronavirus, las inversiones deberían superar las expectativas del experto, dado que no solo los centros privados de salud y las empresas tecnológicas, sino también el propio SUS, ya han aplicado recursos para crear plataformas de telemedicina, de manera simultánea al crecimiento en la búsqueda de esta modalidad médica por parte de los usuarios de internet (como se evidencia en el gráfico a continuación).



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Por lo tanto, es de esperar que, debido a la interacción de la sociedad con la combinación disruptiva de la medicina y la tecnología, se produzca un proceso de alineación por parte de los entes legislativos y reguladores de la práctica médica, abriendo terreno para su desarrollo. En este contexto, resulta probable que la telemedicina pase a formar parte de la tan profetizada "nueva normalidad" en la que estaremos insertos en la pospandemia.