Sam Altman, CEO de OpenAI, ya declaró que pretendía sustituir a los programadores, con la premisa de que la IA sería capaz de programar a la perfección. Sin embargo, más recientemente, ha ajustado su discurso y ha pasado a afirmar que la IA es, en realidad, un potenciador de la productividad.

Quienes ya utilizan herramientas como ChatGPT, Claude, DeepSeek u otros modelos de lenguaje lo saben: son poderosas, pero no piensan como nosotros. No manipulan conceptos abstractos con la misma fluidez con la que fuimos entrenados a hacerlo desde pequeños. Por lo tanto, carecen de la capacidad de evaluar si una respuesta es correcta o no.

Dos años y medio después de la popularización de estos modelos, estamos entrando en una nueva fase: la de la realidad. La IA no causó la disrupción total prometida por muchos en 2022. Pero ya está transformando, de forma concreta, procesos y relaciones en diversas áreas, incluidas las esferas sociales y económicas.

El ciclo del hype: de la euforia a la productividad

Este movimiento no es nuevo. Es típico del surgimiento de nuevas tecnologías: al principio, hay un entusiasmo colectivo, una creencia de que se resolverán todos los problemas. Con el tiempo, surgen las limitaciones y se ajustan las expectativas. Esta trayectoria la describe bien el Ciclo de Sobexpectación (Hype Cycle), desarrollado por la consultora Gartner.

Según un análisis publicado en 2024, hace unos ocho meses, la lectura sigue siendo bastante precisa — y recomiendo este video para quien quiera entenderlo mejor:

De acuerdo con este análisis, la IA se encuentra en la llamada fase de la desilusión — momento en que la emoción disminuye y nos enfrentamos a los desafíos prácticos de la tecnología. Pero esto es positivo: es una señal de maduración. El siguiente paso es alcanzar la meseta de productividad, donde la tecnología se consolida y entrega un valor real.

Para ello, son fundamentales tres factores:

  • Interfaces sencillas: encapsular la complejidad técnica en soluciones accesibles para todos;
  • Cultura digital: capacitar a las personas para utilizar la IA de forma crítica y estratégica;
  • Optimizar el costo del entrenamiento de los modelos que hoy consume una elevada cantidad de energía.

¿Y en la práctica?

Aquí en Sigalei, vivimos esta realidad todos los días. Estamos aplicando inteligencia artificial para resolver problemas reales en el mercado de relaciones gubernamentales e institucionales. Creamos soluciones robustas que facilitan el acceso a información estratégica y automatizan procesos complejos — sin perder el toque humano.

Creemos que la IA no vino para reemplazar, sino para potenciar el trabajo de las personas.

¿Quieres ser parte de esta revolución?

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Recién estamos empezando. ¡Bienvenido a bordo! 🚀